Lo peor sería pecar de ingenuidad. A estas alturas, podría llamársele no sólo candidez, sino incluso irresponsabilidad no entender las cosas como son.
Como en realidad son.
No ha sido, no es un político ajeno a su circunstancia y a la coyuntura por la que atraviesa. No es, porque sería equivocado asumirlo así, un desleal, aunque sí habría que decirle que es ajeno. No fue, no será un integrante de ese círculo íntimo que rodea al presidente Felipe Calderón; pero no es tal su desapego.
En márgenes estrechos se ha movido el secretario Rodolfo Elizondo en este sexenio. En un pasillo incómodo sin duda. No es un político ajeno al presidente Felipe Calderón; no ha sido un opositor interno; por el contrario, en términos políticos, partidistas, Elizondo jugó su resto en la sucesión foxista y pese a ser cercanísimo al ex presidente, tiró sus cartas en pos del entonces hijo desobediente y lo apoyó abiertamente en contra de los designios de la otrora poderosísima primera dama, Martha Sahagún, que se la jugaba con Santiago Creel.
Sin embargo, pese a la cercanía política, una brecha –quizá generacional, tal vez ideológica- lo separó siempre del presidente Calderón. En el entorno del michoacano, el panista duranguense no ha sido mayormente aceptado. En los días del poderío del fallecido Juan Camilo Mouriño, la permanencia de Elizondo en Sectur siempre pendió de un tímido hilo. Posterior a la muerte del joven calderonista, lamentable sin duda, la presencia del secretario de Turismo en el gabinete fue minada por el team que manejan desde las oficinas de Los Pinos el vocero presidencial, Max Cortazar y desde la Secretaría de Economía, el influyente Gerardo Ruiz Mateos. De ahí salió la intención de desaparecer a Sectur y desde ahí han salido la mayoría de las filtraciones que han advertido hasta la saciedad de la salida de Elizondo.
El tiempo parece haber llegado. No serán más de tres meses los que el duranguense despache en la Sectur. El proceso de salida ha comenzado ya y de común acuerdo, con el consentimiento presidencial, este será decoroso y habrá de tener la oportunidad de recibir el reconocimiento en lugares como Cancún, donde desde el gobernador hasta un buen número de empresarios, le preparan uno en el que le reconocerán que se la jugó con esta región pese a las diferencias partidistas. En este tiempo, la orden está dada para que el trabajo de la Sectur no se detenga; algo difícil, sin embargo. En estas semanas habrá de concretarse también la salida de Oscar Fitch del Consejo de Promoción Turística de México. A la par del desgaste que ha significado este largo proceso de debilitamiento, la manera en la que directamente desde Los Pinos se asignó a Young & Rubicam, el contrato de publicidad de Estados Unidos y Canadá; mientras que a Burson-Marsteller se le dio el contrato de relaciones públicas, fue un punto de quiebre para este funcionario que, vale decirlo, pidió siempre independencia de las decisiones políticas sobre el CPTM.
Entonces habrá dos huecos que serán aprovechados por Felipe Calderón para definir su estrategia en los dos años restantes que le quedan en el poder. Y podría, por lo que se conoce hasta ahora, haber una transformación radical que no necesariamente será provechosa.
Rodolfo Elizondo, pese a su panismo conocido, no fue un funcionario que haya encomiado las diferencias políticas. Gobernadores priístas, como Félix González o Ney González de Nayarit o la propia Ivonne Ortega de Yucatán, han contado abiertamente del buen trato que han recibido de él. Que la politización de la Sectur no fue tal, pese a que conocían de él su militancia. En el caso del CPTM, más allá de algunas críticas por la campaña Vive MÉXICO, no existen tampoco cuestionamientos partidistas.
Sin embargo, los perfiles de los funcionarios que suenan para reemplazarlos no permiten pensar que todo seguiría igual.
Bruno Ferrari, un personaje cercano a Ruiz Mateos, es considerado como reemplazo de Fitch en el CPTM, aunque también es considerado para la Sectur, a donde algunas fuentes ubican también al senador panista Gustavo Madero. Lo cierto es que quienes suenan como sucesores, tienen como patrón la cercanía al círculo íntimo calderonista.
Qué podría significar el movimiento, habría que preguntarse. En principio, el manejo del presupuesto millonario del CPTM, la estrategia de promoción, está en juego.
La decisión que se tomó en Los Pinos el pasado diciembre, de controlar desde ahí la estrategia de promoción y relaciones públicas en el extranjero de la marca México tiene que ver con ello. Se sabe que hubo desde hace tiempo reclamos hacia Elizondo y Fitch porque no manejaron de manera partidista la estructura gubernamental en el sector. Varios panistas cercanos al grupo citado, cuestionaron a ambos funcionarios por respaldar proyectos en estados con gobiernos priístas o del PRD. En Quintana Roo, por ejemplo, son conocidos los reclamos de Gustavo Ortega, el legislador federal del PAN porque Elizondo apoyó como pocos la obra de recuperación de playas.
Se buscaría, a la salida de ambos funcionarios, partidizar la función de la Sectur y el CPTM. Algo que no sería benéfico para la industria en el país.
Si algo se le reconoce a Elizondo, es la despolitización de su función. El presidente debiera tomarlo en cuenta.
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